23 septiembre 2012

Laberinto.


La puerta del laberinto estaba abierta para mí, veía la luz del arco iris al final, veía todo claro y perfecto, y sigue siendo así.
Con capa y espada armado estaba listo para entrar, pero cuando lo hice, la puerta se cerró para siempre, o me quedaba allí o avanzaba.
Entre caminos me perdí, me caí y me lastimé, me hizo falta todo lo de atrás, pero su recuerdo estaba al final del camino, su presencia estaba luego del negro.
A mitad de salir, encontré a dos personas.
Una de ellas era muy vieja, con un cabello tan largo que no sé si era hombre o mujer, pero estaba muy lastimada. La otra estaba en perfecto estado, estaba arreglada, vestida y tenía un cuerpo excelente, pero carecía de rostro.
Era una imagen tan intensa ver esos dos seres que me mareé, pensé que estaba soñando. ¿Qué clase de broma era esa? ¿Qué delirio estaba sufriendo?
De repente vino otra persona, pero invisible, no la veía, solo la ropa con forma y moviéndose, pero me daba una sensación de paz, aunque admito que era algo inquietante.
No sé por qué, pero el cielo oscureció y el viento comenzó a soplar tan fuerte que casi me arrastraba con él, casi volamos todos, pero nos tomamos de la mano, fuera de quién fuera, y avanzamos contra viento y tormenta.
Al cruzar vimos un río que casi nos llegaba al cuello, pero debíamos pasar por allí para evitar la tormenta. La persona de largos cabellos los usó como soga para derribar un árbol y crearnos un puente, pero con ello los perdió todos y cada uno, así que el invisible le dio su bufanda para ocultar su cara, pues nos daba siempre la espalda. Sólo le vimos los ojos, tan blancos como sinceros.
Cuando seguimos caminando, podíamos ver un lugar de mucho calor, excesivamente caliente y caluroso, insoportable.
La persona sin cara me dijo que no podíamos seguir o moriríamos deshidratados, que nos fuéramos y buscáramos otra salida, pero el invisible dijo que era lo contrario, moriríamos si retrocedíamos, pues una vez dado un paso adelante, mil pasos hacia atrás no servirían de nada, esa era la naturaleza del desierto.
Seguimos andando, y efectivamente, al final había una fuente de agua clara y pura, con una calavera de un lado y una cereza del otro.
Inmediatamente todos fueron a beber dela cereza, pero sin-cara no podía, y estaba sediento, así que tomé agua del lado de la calavera, y lavé el lugar en donde estaría su rostro.
Se sintió bien de inmediato, mientras que los otros estaban mareados de tanta azúcar que le había puesto la cereza al agua, así que bebieron donde la calavera.
Ya estábamos llegando, ya veíamos la abertura del otro lado, porque no había siquiera una cortina: Veíamos el prado verde, el cielo azul, un sol radiante y vivo…
Pero faltaba un último obstáculo, y era una pared imponente y dura, completamente transparente.
Tres pasarían, pero uno debería quedarse para ayudarlos a subir, decidí ser yo.
Uno a uno subieron hasta quedarme solo, ellos no podrían ayudarme, el piso era más alto de mi lado que el de ellos, no podían volver.
Con mis propias manos empecé a cavar el suelo rocoso, sangrando y llorando, hasta lograr un hoyo lo suficientemente profundo para pasar. Cuando estaba a mitad del camino, cuando faltaba medio cuerpo por subir, la pared se desplomó y quedé dividido en dos.Ya no me quedaban fuerzas y estaba agotado, pero me tomaron los tres, me cargaron entre todos y me llevaron hasta el final. Mientras más nos acercábamos, más veía todo volverse negro, hasta que lo fue por completo.
Abrí los ojos y no estaban, pero tenía un recuerdo de todos. Los cabellos de sin-pelo para saber que no era feo; la máscara que usaba sin-cara, para recordar que no era falso; las ropas de sin-cuerpo, para saber que no era vulnerable.
Pero también había algo más, una carta.
Allí estaba escrito todo esto.

20 septiembre 2012

De los huesos al helado.

Bueno, esto lo escribí como un favor para un amigo de la universidad, espero les guste!


Un día, un niño y si papá estaban paseando por el parque, cuando pasa un carrito de helados y una niña se le acerca a comprar.

-         - Papá, ¿te puedo preguntar algo?
-          -Claro, ¿Qué pasa?
-          -La niña que está allá, ¿verdad que es muy bonita?
-          -Pues si, es bastante bonita, ¿Te gusta?
-          -No lo sé, quiero hablar con ella, pero me da pena.
-          -Anda, no va a pasar nada, es más fácil para ti que para los cavernícolas.
-          -¿A qué te refieres? ¿Ellos también se enamoraban?
-          -¡Claro! Ellos también.
-          -¡Cuéntame cómo!
-          -Bien, bien, siéntate.

El niño se sienta en las piernas de su padre y él le empieza contar el cuento:

-         - Ellos no sabían hablar, ni escribir, ni dibujar nada.
-         - ¿Cómo los bebés?
-         - Sí, justo como los bebés.

El papá hace varios sonidos con la boca y su hijo se ríe.

-         - ¡Seguro sonaban graciosos!, dice el niño riéndose.
-         - Estoy seguro que sí. Bueno, ellos no sabían nada, así que cuando veían a una mujer bonita, saltaban como locos, así que las mujeres se asustaban y se iban. Poco a poco ellos aprendieron a comunicarse, a hablar, dibujar, pintar y supieron cómo acercarse mejor a las mujeres.
-         - Uff, que complicado, papá.
-         - Por eso mismo te digo, tú tienes más suerte que ellos.
-         - Tienes razón, creo que tu historia me dio una idea.

El niño va hacia el camión de los helados y pide dos, uno de vainilla y otro de fresa, le da el de fresa a la niña y se van caminando y hablando juntos.

FIN.

11 septiembre 2012

El Último Grito.


Quiero gritar, ensordecerte y ya más nunca volver a estar cuerdo.
No por la bebida o por la hierba, quiero gritar porque sí. Romperé las cadenas y ese magnetismo entre tú y yo, romperé esa amistad y la dejaré vuelta polvo. Ya no sólo abrazos, quiero tus labios y tus ojos.
Dame tu almohada para soñarte, dame tu espejo para verte, y dame tus suspiros para escribirte libros de belleza.
Esa atracción es fuerte, es arrasante. Un fuego abrasador que siento cuando te veo, y que no puedo controlar. ¿Cuánto tiempo durará este tormento?
Te veo. Te quiero. Te amo. Te deseo. Te necesito más que nada. ¿No lo entiendes?
Cuando te veo caminar por los pasillos siento que un fuego avasallante me invade y no puedo esperar a gritártelo loco que me pones
Déjame descubrir tus secretos, déjame ver esos tesoros bajo tu ropa y sentir tu cuerpo como nadie nunca lo pudo hacer. Quiero ser tu graduación en el amor y ser tu regalo de por vida.
Esta noche será distinta:
T aproximas lentamente por la pista del baile y no me contengo. Cuando veo que escuchas esa canción y me miras, ya sé que no hay paso a atrás. Eres un ser único, eres una belleza exótica en un mar de monotonía.
Si quieres que grite lo dices, y cuando me señalas y me atajas, no lo dudo, bailo lentamente contigo. Apenado, como sin creer que te tengo. A pesar de que crees que solo es por amistad y que bailo con alegría, te muestro paso a paso que ese era el pasado.
Eres la presa y yo el cazador, ten tendré donde sea, cuando sea y como sea. No aguanto más y lentamente aumento mi ritmo, y tú también, ¿Qué más te queda?
Tus líneas se diluyen en el mar de luz, lentamente sudas pasión y deseo. La música ya nos ensordeció, pero nuestros corazones son uno.
Bajo lentamente mi mano por tu espalda, simulando que es sin querer, opero cuando te veo a los ojos no me contengo y sello tus labios con los míos.
Ya lo sabes, ya todo esta hecho, ya no pude ocultarlo mas. Ese amor callado ya salió a la luz, ya no pude más y tuve que mostrártelo.
Y me correspondiste.

10 septiembre 2012

Aléjate.


Habían tantos secretos, habían tantos disgustos, habían tantas cosas que me ocultabas. Es como si fueras un extraño en mi vida, como si no eras el que conocí y que tanto amé.

Sé que estoy lejos de ser la persona perfecta, pero creo que merezco que me digas quien te mandó ese beso por correo o quién te dio su teléfono a mis espaldas, o al menos si tu boca probó nuevos mares, en el peor de los casos.

No eres quien creía, me pintaste un mundo distinto, promesas, utopías y perfección. Cuando miro hacia atrás, veo un largo viaje en espiral hacia abajo. ¿Cómo me rebajé tanto por tí?  Y lo peor es que duele admitirlo todo.

Aun te amo, aún quiero que seas mi dueño, pero soy mucho para ti, no soy un juguete, no soy un objeto. Siento. Lloro. Sangro. Amo. Sonrío. Así que despídete. Verás de lo que te perdiste por manipularme y jugarte al doctor conmigo.

Ya no eres nada. Yo soy quien aquí manda, así que haz las maletas, que esta ya no será tu casa o al menos mientras mi corazón lata.

Adiós, mi cielo. Espero verte lejos…

Nocturnos.