24 diciembre 2009

El Teléfono Sonó I

 Ella y él heran tan felices hace tanto. Gozaban cada instante juntos, se amaban a más no poder, y nada los podía separar.


 Ella y él podían discutir y amenazarce de forma grotesca y al minuto estar riéndo olvidando esos malos momentos y enterrarlos en la memoria para jamás dejarles ver la luz nuevamente.

 Un amor intenso los unía y nada los podía separar, nada los hacía pelear y no amarse luego, o eso parecía.

 El día estaba precioso: el sol bañana la hierba color esmeralda con finos rayos, las nubes habían decidido no estar presentes ese día, y las plantas dejaron ver sus más bellos retoños, las aves tocaban sinfonías que la orquesta endvidiaría y todo estaba en completa calma para adornar lo que sería un día fatal para ellos. Tal vez la naturaleza quisiera hacer algo para evitar los próximos minutos y hacer que siguieran juntos por cualquier modo. Fracasó lamentablemente, pués la tecnologia interfirió sin consideración alguna por esa preciosa pareja.

 Amecieron los dos en el gran ecsenario preparado para adornar ese día, él fué el primero. Preparó los huevos y exprimió el agua de las frutas que su naranjo le regalaba. Ella seguía en los trenes de morfeo, ausente de todo lo que pasaba en un día tan precioso como ese, llegando a la estación del despertar muy lentamente. Sus ojos de zafiro cerrados con calma y su respiración profunda hacía creer que acababa de dormir y tardaría mucho en volver a la realidad.

 Él se le acercó sutímente y le retiro los dorados cabellos de la cara, la contempló como quién contempla a un ángel hermoso en la iglesia, apreciaba cada detalle y deseaba que esa belleza se contemplara con las gotas de agua que eran sus ojos, así que acercó sus labios a sus orejas dormida como el resto de ella y los separó:

- Gisela - susurró muy bajo para no alterar nada de aquél instante perfecto y hermoso que había sido diseñado por la madre tierra -, mi amor, ya amaneció y hace un día muy hermoso - las comisuras de su boca se levantaron al ver los párpados de su querida apretarse y varias partes de su cuerpo dejar el mundo onírico para completar la belleza del escenario con su cuerpo despierto -.

- Muy bien - dijo luego de varios segundos de encontrar las palabras. Su mente estaba aún en poder de Morfeo -, dame solo cinco minutos.

 Y se retiró para dejar que se despertára por su cuenta. Recogió las flores más hermosas y las colocó en la mesa para terminar lo que sería un día muy diferente a los anteriores, el último día de su felicidad, ya que el destino no deseba más esa unión por causas que nadie jamás entenderá y que siempre serán enigmas sin respuesta sin importar el tiempo que pase.

1 comentario:

  1. Sinceramente, me gustó, no es facil encontrar cosas así, lo cierto es que el estilo me recordó algo antiguo y olvidado, sigue escribiendo, seguiremos leyendo.

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