29 junio 2009

Mi fin


La luz de la luna iluminaba el cuarto, la brisa que soplaban las montañas le acariciaba el rostro, las estrellas brillaban como nunca, la escena parecía perfecta, de no ser por lo que estaba a punto de ocurrir...

Él estaba cada vez más cerca, lo escuchaba cada vez más, y sabía que no lo podría evitar. Al final, llegué al lago donde nos conocimos, dejando atrás el bosque oscuro donde mis temores cobraban vida cada noche, sabía que tarde o temprano me alcanzaría y debería confrontarlo.
Decidí que no podía huir más, no podía seguir con esto, él ya se había enterado de mi traición, y no se detendría hasta cumplir con su misión. Tenía que afrontar la verdad, así que me arme de valor y esperé a que él llegara, pero los minutos pasaron y no venía, los minutos se volvían cada ves más largos, a pesar de todo, lo seguía escuchando, acercándose, aproximándose, cada ves más cerca.
No entendía por qué no llegaba, lo seguía escuchando sin importar lo que pasara, pero no llegaba, los nervios que me comían, el sudor me bañaba en un mar de desesperación, pero todo seguía exactamente igual, no aparecía por más que lo escuchaba acercándose. Llegó el momento en que dejé de escucharlo, por un segundo olvidé completamente respirar, pero me incorporé de inmediato, no sin antes marearme un poco por la tención.
Luego todo pasó muy rápido: una sombra atravesó un arbusto a mi derecha que estaba solo a unos pocos centímetros de mí, medio metro como máximo, el crujir de una rama y algunas hojas secas, una respiración acelerada apenas audible y, de pronto, la bala me atravesó con toda la furia que sabía que sentía, con una ferocidad increíble y una desilusión palpable para cualquiera por mi infidelidad.
En un momento solo sentí un dolor punzante en el pecho, en un segundo se duplicó, pasó otro segundo para volver a incrementar de magnitud, devorando mi alma y corazón, destruyéndome lentamente, sin dejar de aumentar, en ese mismo instante, supe desde que cometí mi error que esto iba a ocurrir, sin importar cuanto lo guardara, sabía que el resultado solo empeoraría si lo guardaba mucho tiempo, supe, desde esa noche fatal de mi deshonestidad, mi infidelidad, mi mentira fatal, que la noche que se enterase, sería mi fin.

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