29 junio 2009

Surgieron sin sentido común


La cena estaba lista, mi padre terminaba recientemente de cocinar y empezaba a servir la mesa, me di cuenta de que faltaba mi madre, así que la busqué.

En la cama recostada estaba, con el rostro cubierto de lagrimas, la cabeza apoyada, como si no estuviese descansada, no sabía a que se debía esto, todo el día había estado feliz, solo por un pequeño dolor de cabeza, al preguntar el por qué de su estado, dijo que el dolor de cabeza era el causante.
Eso no era posible, desde hace unas horas, había dicho lo mismo, y esos malestares no duraban nada, solo unos minutos, pero su rostro reflejaba angustia, tristeza, preocupación, y muchos sentimientos más, no había causa al parecer, pero tuve que irme. Sin que ella supiera, le comenté a mi padre lo visto, este fumando en el balcón estaba, esperándola que la comida estuviese lista del todo, se limitó a mirarme con los ojos en blanco, solo lograba percibir un poco de preocupación en su voz al contestarme con un "esta bien...". Solo esperé unos minutos hasta que me volvieron a llamar para comer, en eso, hay estaba mi madre, sentada, peor que cuando la vi en el cuarto sumida en sus pensamientos, no se movía ni un centímetro.
Nadie comió, solo yo, unos cuantos bocados era lo que pretendía comer, pero mi madre con la mirada perdida y derramando lagrimas y mi padre sentado también con ojos en blanco me hizo un hueco inmenso en el pecho que pensé que se llenaría si comía, pero no...Pasaron los minutos y la escena no había cambiado en lo absoluto, solo la salida de mi padre por unos segundos para luego volver. No era consiente de mis actos, solo comía por inercia, sin ser conciente de lo que me rodeaba o lo que ocurría.

Al final, el vació quedó y no disminuyo en lo más mínimo, seguía ahí, no desaparecería sino luego de algunos minutos pasada esa escena, no podía concentrarme en lo demás, solo tenía en mente esa imagen que me había destrozado en silencio, aun que no comprendía el por qué, ese suceso me había hecho pedazos, pisoteado, destruido y mucho más. ¿Que vendría después?, ¿Qué pasaba que no me contaban mis padres?, ¿Mi padre sabía que yo no le creía que a mi madre le dolía la cabeza? tantas preguntas y pocas respuestas, pero con el tiempo se aclararían, solo me ocuparía de borrar esas lagrimas que surgieron sin sentido común.

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