06 abril 2011

Báñate en el infierno (Parte II)

Ellen dio los primeros pasos hacía adelante, impulsada por tratar de alejarse al menos un poco de aquella mujer que tanto miedo y pavor le provocaba.

Pensó que había avanzado alguna distancia considerable, pero cuando aquella mujer la pateó en la espalda... Nada. Apenas había avanzado.

Levantó la mirada y nada. Volteó y se encontró con la mujer cerrando la pesada puerta de madera como si nada pesara. En pocos segundos, la única luz que lograba ver se había apagado dejándola sumisa a la merced en la total oscuridad esperando lo que le fueses a hacer aquella mujer.

Derramó unas pocas lágrimas antes de sentir que era tomada de una pierna y se la llevaban arrastrada por el piso a quién sabe dónde a esas horas. No dudaba que era la mujer la que tan rústicamente la llevaba.

Chocaba, se golpeaba, se raspaba, gritaba y lloraba. Deseaba estar en su casa, tomando su vaso de leche, escuchando a su madre leyéndole un cuento y luego del besa de las buenas noches, dormir plácidamente acurrucada en su cama, acompañada de un osito que le había había hecho su padre.

En ves de eso estaba envuelta en harapos; quién sabe si era un simple saco de papas; maltratada por un señora cuyo rostro mentía al haberle dicho "Soy gentil, cuidaré de ti" cuando la vio, en un castillo que jamás había conocido y sumida en una oscuridad absoluta, sabiendo que era llevada a algún lugar extraño.

¿Qué pasaría cuando llegara a ese lugar? "Seré torturada a muerte", de eso estaba segura. No le cabía pensar en algo más que no fuese eso. No pudo seguir pensando, pues algún objeto duro colisionó con su cabeza y la hizo perder la conciencia.


- A buena hora, ya me estaba cansando de esperar.

Era la misma voz de antes. La de la mujer.

Sintió un gran frío correrle por todo el cuerpo y se cubrió instintivamente, pero... Estaba completamente desnuda y en algo que parecía un bañera de mármol. Alzó la vista al frente muy temerosa, y lo que vio, la dejó perpleja...

Allí estaba, la misma mujer de siempre, también desnuda, con el pelo suelto, los ojos rojos y con un afilado cuchillo en la mano derecha que brillaba a la luz de las velas que estaban en el borde de la lujosa bañera.

3 comentarios:

  1. ¡Vaya! ¡Qué interesante y también, qué misterioso!
    ¿Para qué querrán a la pequeña? Me has hecho vivir el mismo miedo que la niña con tus palabras XD.

    Buena entrada.
    Besotes!

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  2. Eso es un punto positivo a la historia...! Y bueno, pronto verás que le hacen a la pobre chiquilla... Wajajajaja xDD
    Los que la reconozcan, CALLAR!!

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  3. Que siniestro todo !!
    pobre niña, que le ira a pasar ahora xD!!!
    QUE INTENSO !!!
    besos ^ ^

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