09 abril 2011

Báñate en el infierno (Parte III)

Elizabeth soltó el cuchillo y contempló su obra:

La chiquilla que tanto había llorado y gritado en el proceso ahora estaba dormida tranquilamente sobre el borde la bañera. Su cabeza asomaba una gran calvicie, producto del corte de cabello que esta la había dado a la niña, sus ojos yacían sumidos en el sueño eterno y sus manos atadas en su espalda.

Ahora Elizabeth podía bañarse tranquilamente. Tomó un poco de aliento y se tronó los nudillos para liberar un poco la tensión de estrangular a la chiquilla hace unos segundos, seguidamente volvió a tomar el cuchillo y abrió rústicamente la garganta de la chica.

La sangre salió abundante, no tanto como con otras, pero esta era una niña pequeña, así que se conformó con ello, con tal de tener la misma cantidad de sangre de siempre: Con la bañera casi a tope.

No le gustaba desperdiciar nada de aquél preciado líquido, así que lamió delicadamente el cuchillo, el arma que siempre la ayudaba a darse el placer de sumergirse en el líquido rojo de la eterna juventud, la vara con la que hacía real el hechizo de la inmortalidad.

Ya limpio, lo dejó nuevamente en el piso, pero la chica aún goteaba un poco y sería desperdicio sacarla y que su sangre se quedara en el piso y se secara, así que decidió esperar un poco más, mientras tanto, tenía una forma de divertirse con lo que quedaba de ella.

Le abrió las piernas bruscamente, tratando siempre de que no se sumergiera en la bañera si tocara su preciado baño, introdujo sus dedos en la secreta entrada femenina buscando la perla oculta, perla que jamás sintió la masculinidad en todo su poderío, perla que perdería para siempre esa oportunidad, y la apretó lo más que pudo, sintiendo como los nervios que allí estaban se estremecían y hacían temblar el cuerpo levemente.

Siguió introduciendo su dedo, pero luego empezó a ingresar los demás, y seguidamente la mano. Sus uñas largas rasgaban el interior de aquella cueva inexplorada y la destrozaban fieramente. No salía ni una gota del líquido rojo, pues todo se había ido por el cuello, pero Elizabeth siguió con su juego.

Rasgó, rompió y desmembró internamente la vagina de la pobre chica. Se imaginó sus gritos y su agonía, su sufrimiento y sus lágrima y sintió como se deleitaba tanto como si realmente estuviese pasando. Con su segunda mano se dio placer a sí misma con más lujuria que brusquedad y sintió el clímax llegar cuando menos lo esperaba.

Se quedó unos segundos allí, tratando de acompasar su respiración, y cuando estuvo lista, sacó su mano del interior destrozado de la chiquilla y sus dedos de su intimidad. Ya estaba lista para su baño de inmortalidad perpetua...

3 comentarios:

  1. Que horror xD y que fuerte todo!!
    me da repulcion el solo leerlo !
    Como seguira esto !
    besos

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  2. Chicas, si creen que esto es crudo e insensato, esperan la continuación, prometo impactar con un estilo completamente nuevo que ninguna espera Buajajaja

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