14 marzo 2010

Laura - Parte IV -.

 Laura seguía corriendo y ya llevaba mucha ventaja, Miguel sabía que estaría en grandes aprietos si ella escapaba, así que buscó a su alrededor y tomó una piedra en menos de un segundo, corrió hasta que sintió que ya no podía más y sacó una liga resistente, la puso entre ua rama que se paría en dos más y se veía también resistente y apuntó al tobillo derecho...



- Ughh - gruñó Laura -.

- Casi nos pones en peligro Miguel - dijo una voz desconocida y que parcía provenir de un muchacho -.

 Todo estaba oscuro y había un intenso olor a azufre en el aire, además, de una leve parte del olor se podía distinguer un hilo de fragancia a orina.

 El sudor pobabla la frente de Laura y la garganta pedía a gritos un trago de agua, su tobilos gemía de dolor y los músculos le pasaban factura por tanto esfuerzo en la carrera que había dado. El pelo se le pegaba a la frente y sentía que el aire le llegaba al hombro derecho, el tobillo herido y un poco de la espalda, además de una molesta sensación en las muñecas.

 Sentía nada de presión en los pies, y la imagen de estar descalza llegó a su mente. Trató de abrir los ojos, pero un pedazo de tela la obligaba a ser ciega, mientras que otro pedazo la obligaba al silencio total. tampoco lograba caminar. Sus pies estaban puestos el derecho encima del otro atados con una cuerda gruesa que le quemaba la piel con cualquier movimiento. Su estómago estaba siendo presionado por el concreto y unas gotas de agua le caían en la espalda.

- Tranquilo, ya me conoces - respondió Miguel -.

- Bueno viejo, es hora de darle el paquete al jefe - dijo el chico -, ya hemos tardado mucho -.

- Pero apenas pudimos divertirnos con ella - dijo gracioso -, no seas aguafiestas Al...

- ¡Cálate! - cortó de inmediato -, serás idiota - dijo entre dientes -, te dije que ella es lista, si dises mi nombre sabrá todo inmediatamente.

- Perdón - dijo Miguel -, bueno, vamos a llevarla con el jefe.

 Laura escuchó pasos asercándose y sintió que una manos sucias y llenas de tierra la levantaban y la colocaban en una espalda firme. Una mano le sujetaba la espalda y otra las piernas. Forcejeó hasta cansarce, pero ellos solamente ignoraron todo esfuerzo y simplemente rieron un poco.

 El tiempo pasó de ese modo: los chicos burlándose de los intentos de Laura, ella cansándose inútlmente, y la sensación de estar mucho tiempo al sol.

 Parecía que había pasado una eternidad desde que despertó confusa con dos sentidos inutilizables por completo y molesta. Pensaba en su madre que deseaba salir de compras con ella, su padre que deseaba compartir tiempo de calidad con su hija, su hermano que quería ir a nadar un poco en su compañía, su abuela que le había dicho esa mañana que le tenía una sorpresa preparada, su novio José Miguel que la esperaba en su casa para ver películas, en su perrita Margaret que necesitaba salir a pasear.

 Muchas imágenes invadieron su mente en ese momento, y fué cuando sintió menos presión y la sensación de estar en una silla tosca y tambaleante.

- Ya era hora de que llegaran idiotas - dijo un hombre con tono muy serio -.

- Dió un poco de problemas pero nada más, es algo atlética - dijo Miguel -.

- ¡No me importa! - gritó el hombre - ¡Saben lo que le spuede pasar a ustedes y demas si no cumplen! ¡Fuera de mi vista!

- Si - dijeron ambos muchachos entre dientes -.

 Laura escuchó los pasos alejarse y un ruido parecido al de un bombillo titilante. Unos pasos se éscuchaban cada vez más cerca e hicieron que Lauara sudara frío mientras que su respiración se aceleraba. Sus músculos estaban tensos y deseaban luchar pero ella no lo permitía, este si era un hombre y con un solo puño la rebajaría a un manojo de carne sin vida si no hacía lo que quería.

 Simplemente esperó y esperó. Le llevo unos pocos segundos a los pasos estar cerca de ella, sintió un aliento a alcohol y cerveza, junto con el asqueroso humo de un cigaro, llegando a su naríz, pero contuvo el asco. Una mano fría se posó en su barbilla y la acarició con el pulgar. Las ganas de llorar esran más intansas que antes y estaa segura que de un segundo a otro las cataratas del Niágara estarían por sus mejillas, pero contuvo el paso del agua. Otra mano se poso en su mejilas izquierda y la acarició más ampliamente.

- Realmente eras una belleza - dijo el hombro como si hablara solo -, lástima que debo ganarme la vida de esta forma - dijo melancólico -. Pero vamos a divertirnos un poco antes del trabajo - rió -.

 Las manos se alejaron de su rostro y escuchó un pequeño ruido que no posía identificar, pero cuando el sonido de la ropa amontonándose llegó a sus oídos y cuando fué obligada a pararse de la silla y sentir un pecho fuerte y grasoso, supo lo que el destino tenía preparado pora ella...

...La muralla que contenía la represa cayó...

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