30 octubre 2010

Angelus Gothic…

Parte I

El cuerpo de Helena se estremeció por completo con la cálida brisa de verano que llegó a su rostro. Normalmente este tipo de cosas le desagradaban: El clima, las nubes, el hogar, todo lo que es algo bello para los demás ocupaba un lugar especial en su lista de horrores irremediables.
Por alguna razón, sentía satisfacción con aquella brisa que le acariciaba la cara. Odiaba todo lo referente a la luz, a la felicidad, lo blanco y puro. Estaba de más decir que era una gótica extremista.
Su ambiente siempre había sido la noche sin luna y los bosques en invierno. Lo frío, oscuro, tétrico, retorcido e incomprendido era “La crema y nata de este mundo”, como siempre decía. Haber sido criada en el margen de una familia corriente, católica y común le destrozaba los nervios casi por completo.
Incluso había pensado en la posibilidad de haber sido adoptada, pero los rasgos de su cara y cuerpo, además de unos minúsculos gustos en común con su prima Adela demostraban que era una posibilidad muy lejana a la realidad.
Adela…Era el único rayo de comprensión en su vida. Ella, a diferencia de Helena, era un poco más comprendida por el hecho de no ser completamente oscura por dentro, aún quedaba en su interior “Basura blanca”, como a Helena le gustaba denominar…
Si bien Adela era la familiar más parecida a Helena, era también muy lejana, por el hecho de tener una fecha marcada para morir. Para olvidarse de aquella sensación, comenzó a practicar su hobbie de siempre: La Poesía…
Parte II
Se mi ángel. Pero no uno blanco.
Se mi luz. Pero no una blanca.

Se mi amor. Pero no mi salvación.

Se mi mundo. Y mi inframundo.

Se mi vida. También mi Parca.

Se mi todo. Y mi nada también.

Se mi amor. Además de mi pecado.

Aún si te amo, serás a mí muy lejano.

Se mi ángel, pero mi ángel gótico.

Tuya, Helena…
 
Parte III
 
Diego estaba completamente perturbado. Era la primera carta de amor de este tipo que recibía, y no sabía si responder o ignorar el mensaje de Helena.

Estaba acostumbrado a saber que hacer en estas ocasiones; él era el rompecorazones de la escuela, el príncipe encantado de los cuentos de hadas de las muchachas de su salón, el sueño ansiado de tantas chicas.

Por ende, sabía que decir con cada una, sabía como arrojarlas al viento con unas pocas palabras, pero con Helena, todo era mucho más difícil y complicado, ya que era la única mota negra en un colegio religioso hasta la médula donde la perfección femenina era vista en una chica con una mente abierta, rápida, buena para alguna actividad o materia, y claro está, con un cuerpo tan deseable como lo era el azúcar para los niños de Maternidad.

Helena, en cambio, era la típica chica ignorada, como Charlotte Usher, de GosthGirl, pero una diferencia muy grande separaba a Charlotte Usher de Helena Silva: A Helena le sentaba lo mismo si alguien decidía criticarla que si no lo hacía.

Muchos se daban cuenta de que Helena era distinta con solo mirarla: Siempre con su pelo lacio y negruzco, sus franelas negras con diseños abstractos y sus faldas o pantalones rasgados. A esto se le sumaba una característica que solo él, Diego Cáceres, conocía: Helena Silva, la gótica solitaria del salón de clases, no moriría jamás y tendría un lugar en el paraíso cuando llegara el Juicio Final.

Parte IV
 
Hacia mucho que Diego conocía el secreto de Helena. Ella misma se lo había confesado cuando le preguntó por qué odiaba tanto a la gente normal. En ese entonces, ella apenas sabía su nombre, pero reveló con tanta naturalidad y ligereza su secreto que Diego pensó que se trataba de una broma.

Pero con el paso del tiempo, Helena le confirmó más de una vez que era un ser de luz, aún cuando su apariencia dijera lo contrario: nunca se enfermaba, se sabía La Biblia de memoria, hablaba de los personajes bíblicos como si fuese conocidos de toda la vida,…

Diego pensaba que estaba volviéndose paranoico y que todo aquello era solo un largo sueño, que su verdadero yo se encontraba en coma en un hospital por haber sido atropellado por un auto, ya que eso efectivamente había pasado una semana después que Helena le reveló su verdadero yo.

Pero eso estaba muy lejano a la realidad…

Parte V
 
Eres la espina del amor, Helena. Pero no por ello has de actuar como eso. Ya te he dicho que no deseo nada contigo que no sea una simple amistad. No sé si en algún futuro logres hacerme cambiar de opinión, pero por los momentos, renuncia a mí, no te hace bien y lo sabes…

Tu AMIGO, Diego.

Parte VI

Helena se encontraba hecha un ovillo en el pasillo del colegio. Ya había leído la respuesta de Diego, de la cual solo quedaban retazos en lo más profundo de la basura.

No lograba comprender por qué él no la aceptaba como era. Estaba encaprichado en dejarla a un lado como todos los demás hombres de otras épocas que siempre huyeron de ella al saber que ella era un ser de luz.

Nunca nadie aceptaba que ella fuese eterna, alguien que nunca los abandonaría. Se preguntaba por qué los hombres solo buscaban a las mortales, por qué solo mujeres finitas que se separarían de ellos tarde o temprano…

Ella estaría eternamente con ellos, nunca los dejaría y sería su compañera fiel por cuanto duraran sus vidas, pero no les importaba. En cuanto ella revelaba ser inmortal todos se alejaban de ella y la dejaban nuevamente sola, esperando a que los tiempos cambiaran y hacer una nueva apuesta contra el amor prohibido.

Se preguntaba por cuanto tiempo dudaría eso.

- El hecho de ser eterna no sirve de nada si estás eternamente sola

Parte VII

Una semana después…

La puerta de la habitación de Diego se abrió estrepitosamente. Helena se encontraba allí con la respiración dificultosa y la frente sudorosa. Su mirada estaba completamente desorbitada y sus manos temblaban fuertemente.

- ¿Dónde está? – sus palabras sonaban más como un ruego desesperado que como una pregunta -.

Todos la miraron con gesto extrañado. Helena se percató que estaba hecho un desastre, pero que más que nada, llevaba una pulsera blanca y unos aretes azules. Eran cosas insignificantes, pero con respecto a ella, eran cambios radicales y muy notables a simple vista.

Ella dejó de un lado los comentarios despectivos en cuanto a su pelo desordenado o sus calcetines caídos o sus zapatos manchados de agua y polvo. En cuanto se enteró que Diego había sido nuevamente atropellado por un automóvil había dejado la escuela, ignorando las amenazas de los profesores.

Había corrido el kilometro de distancia sin sentir cansancio alguno en el trayecto, pero al pasar por las puertas del hospital, el esfuerzo tan grande hiso mella en ella. Pero no importaba, finalmente lo tenía a su lado.

Se preguntaba si sería otro de sus precipitados intentos de llamar la atención de algún hombre o finalmente el amor le sonreía. En ese momento apagó su mente y olvidó cualquier incógnita, solo deseaba tenerlo a su lado y disfrutar de unos minutos que podrían ser los últimos minutos de vida de Diego Cáceres, su amor del 2010.

El tiempo se eliminó por completo, y Helena no notó que se había quedado sola con Diego. Incluso los padres había tenido que irse, y solo quedaba ella como testigo de que seguía vivo…

- Ni siquiera tus padres te aprecian como deberían – Dijo acariciando su cara -, ¿Porqué simplemente no aceptas que te quiera? ¿Acaso te haría mal? Yo estaría a tu lado siempre y no te dejaría nunca solo…

Sin saber el motivo, Helena empezó a revelar todos los motivos por los cuales, según ella, era la pareja ideal para Diego. Pero aún siendo un ángel, ella desconocía algo: Diego no estaba completamente inconsciente.

Tal vez su cuerpo estuviera sumido en el mundo de las tinieblas, pero su alma seguía amarrada a él, y estaba consiente de todo…

Días después, los roles se invertirían en el corazón de Helena: Diego se volvería su ángel guardian, mientras que ella sentía ser una simple chica...

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