20 julio 2011

Zulima. El espejo roto de la memoria.

¿Quién sabe?
¿Podría ser este el rostro de la primera escritora venezolana?
La huella del tiempo es algo inexorable que no tiene discriminación y se rige por la ley de la igualdad: Cualquiera puede permitir que este haga su efecto en ellos.

Claro, todos podemos luchar y ser conocidos y que nuestra vida trascienda en el tiempo al menos en nuestro alrededor, pero a la final seremos borrados del mapa cruelmente. Esto es lo que pasó con la caraqueña Lina López de Araburu.

Lina vivió en una época en la que el papel de la mujer venezolana era subalterno y secundario, por lo que el hecho de que una dejara la cocina para dedicarse a escribir era algo escandaloso y audaz, motivo por el cual adoptó el nombre de Zulima, palabra semita que significa “Mujer pacífica”, y así esconderse de las ácidas críticas.

Casi nada hay claro sobre la vida de la primera escritora venezolana, pero por el año de aparición de sus escritos se puede estimar que vivió en el siglo XIX, entre los finales de los años 1880 y murió al inicio de los años del 1900.

El Medallón” (1885), “Un crimen misterioso” (1889) y “Blanca, o consecuencias de la vanidad” (1896) conforman las novelas que escribió en su vida, además de las obras teatrales “María o el despotismo” (1885) y “La carta y el remordimiento” (1900), además de varios poemas publicados en la prensa nacional de su época.

Se sabe además que tuvo un hijo llamado Eduardo, pues dedica su tercera novela a este: A mi hijo Eduardo (…) A quién sino a tí puedo dedicar esta última producción de mi intelecto;… Acéptala, pues, para que más tarde se la hagas leer a tus hijos, para que recojan en parte, la simiente que he procurado cultivar en el corazón de los míos…”.

Además de ser la primera mujer en escribir literatura en Venezuela, su segunda novela es considerada como, además de la mejor entre las tres, el primer intento de narrativa policial en el país.

Fuera de esto, no hay más información de su vida, pero de su obra sí, algo realmente irónico si se considera que fue realmente importante para la literatura nacional, pero algo que no se pudo evitar por la opresión a la mujer en su época, algo que parecía apoyar de alguna manera, pues, si bien el hacer esto podría interpretarse como un llamado a los derechos femeninos, Lina López de Aramburu parecía pensar de forma distinta: Decía que la mujer debía ser sumisa, obediente, dedicada a la maternidad y leal hasta la muerte, condiciones que deben llegar a través de la educación, la cual no debe tener mucha cultura.

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